Capítulo 19. El Velo se Levanta
El edificio donde residía Astaroth era una imponente estructura oculta entre los confines del inframundo. De sus torres oscuras y retorcidas emanaba una presencia que parecía absorber toda luz. En sus interiores, un silencio sepulcral predominaba, roto solo por el eco de los pasos que resonaban en los largos corredores de piedra negra. Las paredes estaban adornadas con relieves en bajo relieve que narraban antiguas luchas de poder, y estatuas de figuras angelicales y demoníacas, como testimonios de guerras que ya nadie recordaba del todo. Samael avanzaba con paso firme, como si su presencia allí fuese una extensión de su deber. Había sido convocado urgentemente, y sabía que cuando Astaroth requería su presencia, no era para algo trivial. Al llegar a las enormes puertas de hierro forjado, con grabados de raíces entrelazadas que parecían hundirse en la propia tierra, Samael respiró profundamente y las empujó. En el interior, la habitación era vasta y opulenta, aunque en lugar de lujo...